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Puente a la innovación

Bernard Bolzano fue, citando a la wikipedia, un “matemático, lógico, filósofo y teólogo bohemio […] que realizó importantes contribuciones a las matemáticas y a la Teoría del conocimiento”, conocido por el Teorema de Bolzano.

Dicho Teorema afirma que “si una función es continua en un intervalo cerrado y acotado y en los extremos del mismo ésta toma valores con signos opuestos, entonces existe al menos una raíz de la función en el interior del intervalo“. Y sigo citando a las fuentes de la wikipedia donde se explica con palabras comprensibles por cualquier ser humano:

Suponiendo que el eje de abscisas (eje x) fuese un río, y el segmento (a, b) un camino que hemos de seguir: si en el punto a, la gráfica está en un lado del río (tiene valor negativo) y en el punto b está en el otro lado del río (tiene valor positivo) y la gráfica es contínua en ese segmento, lógica y obligatoriamente ha de cortar por lo menos en un punto con el eje x (el río), con lo que podemos decir que para cruzar el río uno se ha de mojar.

Teorema de Bolzano

Llevado esto a nuestro terreno podríamos decir que para alcanzar objetivos es, en la mayoría que los casos, necesario salir de la zona de confort. El factor de innovación depende de este hecho y tan sólo hay dos formas de hacerlo: mojándose o construyendo un puente.

Si tomas la decisión de mojarte, te mojarás cada vez que intentes cruzarlo, en cualquiera de las direcciones. Sólo la experiencia te dirá cuál es el camino óptimo para mojarte un poco menos.

La opción ganadora pasa por buscar la base para sustentar los cimientos, proyectar adecuadamente y construir un puente para alcanzar el objetivo, siempre procurando dar el menor rodeo posible. Con esto facilitas tus futuros viajes y las visitas de todo el que venga detrás.

En el supuesto que en el camino ya exista un puente tienes otra varias opciones: conformarte, mejorarlo o construir otro a tu medida.

La pasividad no es opción, recuerda que es importante salir de la zona de confort. La única opción cómoda factible es mejorar la estructura existente. Y el reto puede ser construir una nueva ruta al objetivo.

En cualquiera de los casos, nunca puedes bloquear el camino.

Bolzano, además, afirmó que “los números, las ideas, y las verdades existen de modo independiente a las personas que los piensen” en su lucha contra idealismos.

Android, UX & GPS

Desde hace apenas unos días tengo un HTC Magic con Android (*with* Google) en mis manos y, si bien no quiero entrar en el debate iPhone vs. Android vs. Blackberry, voy a contar mis primeras experiencias de uso.

Lo principal, y lo que más me llamó la atención: el proceso de configuración.

Según enciendes por primera vez el móvil te pregunta si tienes cuenta en Google. Si sí, está claro, user and pass; de lo contrario, te ofrece la oportunidad de crearte una al vuelo.

Una vez te logas con usuario y contraseña … ya! eso es todo.
Como por arte de magia tu correo, tu agenda, tus contactos, tu *todo* está en el móvil.

Lógicamente un producto de Google se entiende perfectamente con la nube de Google, pero no así con las cosicas de Apple. Te las tendrás que ingeniar para sincronizar todos tus cacharros Mac con Google (que no es tarea fácil).

Las aplicaciones Android, como en su día ocurrió con las de iPhone, van siendo más numerosas cada día que pasa, aunque a nivel visual pierden bastante puntos. También parece que van mejorando con cada versión renovada.

Uno de los puntos fuertes de Android es la integración de GPS con Google Maps, un A+.
Y bajo esta categoría voy a destacar una aplicación parida desde el MIT y ganadora de del primer puesto del Android Dev Challenge ($275,000).

Locale es una aplicación que se tenía que haber inventado hace años. Se ha hablado mucho de la tecnología Bluetooth por proximidad y acciones configurables, pero esto es historia con el uso del GPS. Locale permite configurar tu dispositivo dependiendo de dónde te encuentres, habiendo especificado previamente tus sitios habituales.
Con esto puedes conseguir silenciar automáticamente el móvil en el cine, cambiar el tono de llamada en el trabajo, incluso adentrarte en el terreno de la domótica y encender las luces de casa cuando te aproximas a ella.
Esto supone que tu móvil se adapte automáticamente al sitio donde te encuentres o que éste ejecute ciertas acciones dependiendo de tu situación geográfica.

Con los mensajes automáticos a Twitter según tu situación geográfica, sé de muchos que podrán ahorrarse teclear cosas del tipo “en la T4”, “llegando a la oficina”, “en el baño”, …

Aprovechando la misma tecnología GPS, otra idea no menos brillante, son las tareas localizadas de GeoLife. Dependiendo de la ruta que tomes, por ejemplo volviendo a casa, puedes decirle a tu dispositivo que te recuerde pasar por el super, la farmacia o la panadería. – Please, Mr. Android, recuérdame que la próxima vez que pase por Callao compre un disco en la Fnac – podría ser una caso práctico y útil.

Sin intentar persuadirte de nada, sólo puedo recomendarte que si usas las aplicaciones básicas de Google en tu día a día, Android puede ser una opción (y puede que alternativa) más que recomendable.

Habiendo usado anteriormente un iPhone por un breve plazo de tiempo, mi experiencia de uso se equipara completamente. Las aplicaciones *útiles* están a la par, y Android ha calcado la interacción no patentada de Apple, por lo que lo estarás manipulando a nivel pro antes de lo que podrías imaginarte.

El arte de mojarse

cocktail neon sign

Photo by embot

Quien me conoce sabe que mis pinitos en el mundo del diseño fueron tan básicos y contundentes como lo puede ser el mundo de la rotulación, el vinilo y los neones.

Después de un par de meses trabajando frente a un ordenador me sorprendí una y otra vez mirando por la ventana de al lado de mi mesa, viendo con cierta envidia a los operarios que daban vida a mis bocetos a escala y vinilos que sacaba a producción con el plotter de corte.

Tras insistir un poco (muy poco) al jefe decidí que mi labor no estaría completa si, además de realizar el diseño, no participaba en el proceso de creación. Así que a partir de ese momento mi jornada laboral se dividía en dos etapas: por la mañana diseñar, delinear, bocetar, cortar, etc … y por la tarde bajaba a la nave a pie de calle para trabajar con los operarios en el montaje de las estructuras.
Y cuando tocaba salir a la calle a montar el rótulo no lo dudaba ni un momento.

Aprendí entonces a trabajar con fresadoras, con radiales, prensas de termo-moldeados, pulidoras, aplicar vinilo sobre polimetilmetacrilato, … al mismo tiempo que me iba curtiendo con todo (lo poco) que había aprendido en la escuela de arte; tipografía, retículas, peso de elementos, encuadres, … (con mayor o menor éxito en cada uno de sus campos). Aprendí a resolver problemas, a evitarlos y, lo más importante, a mojarme con ellos (lo que los americanos dirían “take the bull by the horns“).

En ese momento comprendí lo importante del proceso de trabajo.

Para estar capacitado para hablar del workflow, debes entender el workflow. Para poder hacer bien tu trabajo debes saber qué pasa antes y después de pasar por tus manos. Así de simple.

Todo esto lo sigo aplicando hoy día con mis limitaciones (que no son pocas), pero sigo considerando igual de importante saber qué pasa con mi trabajo antes y después de que pase por la maquinaria de hacer diseños. Y es uno de los puntos clave en desarrollo de interfaces de usuario.

También aprendí a luchar con marcas, jugar con mensajes, a estudiar públicos, sintetizar y cumplir objetivos, completamente al margen de concursos, portfolios y demás tonterías que rodean al mundo del diseño.

A día de hoy sigo observando con cierto orgullo algunos de mis rótulos que han decorado calles madrileñas tan emblemáticas como la Gran Vía o la Castellana, otros que aguantan el paso del tiempo en otros puntos de Madrid, sin olvidar las que han pasado a mejor vida después de tantos años.

A caminar se aprende andando … y yo sigo mi camino que aún me queda ; )

Pautas de acción

photo of entry phone by katphotos

Ante una situación tal el cartero, mensajero o buzoneador de turno optará claramente por el botón situado en el extremo superior izquierdo, atendiendo a las pautas de lectura izquierda-derecha / arriba-abajo cuasi universal.

En su defecto, y ante la duda, optará por el extremo superior derecho.

Si por alguna razón alguno de estos dos puntos causara pánico al elemento impertinente, seguro que optará de forma no aleatoria por el extremo derecho e izquierdo, en ese órden. Respondería a los cánones del Bustrofedon.

Todo esto para evitar la completa aleatoriedad que provoca la retícula, pautada pero inquietante, y todo lo que no esté al alcance visual primario. Un perfecto ejemplo estéquedon.

Por tanto, y atendiendo a nuestras herencias de las lenguas latinas y griegas, procura evitar vivir en cualquier piso cuyo portero automático corresponda a cualquiera de las 4 esquinas del aparato emisor, en mayor grado si hablamos de las superiores.

Créeme, sé de lo que hablo, y ahorrarás muchas interrupciones molestas con objetivos equivocados.

Photo by Katphotos